viernes, 17 de mayo de 2013

Oscarito: Una Inocencia Perdida

Parte I La Partida

En mi adolescencia tuve una aventura bajo bajo con una muchacha que era trabajadora domestica en la casa de un vecino. Ella era del occidente, precisamente de Copan. Una muchacha de orígenes muy humildes.
Estuvimos viéndonos por alrededor de ocho meses y manteníamos una relación muy buena evitando meter la pata ya que yo era muy joven y no quería responsabilidades. Un día ella me cito, me dijo que era muy importante. Llegue al lugar y a la hora acordada, comenzó diciéndome que eran malas noticias. Me dijo que me quería y que si yo la quería a ella que me la robara ya que su patrón le había dicho que solo esa semana trabajaría y tenía que volver a su lugar de origen. La idea no me pareció y le dije que no podía hacer eso porque los dos éramos menores de edad. Ella se puso a llorar y me dijo que nunca se iba a olvidar de mí. Llego el fin de semana y la vi salir con sus maletas, se despidió de mí y no volví a saber nada de ella durante más de dos años.

Un día iba yo caminando por el parque central y miro una mujer embarazada muy bonita sentada en una banca cerca de la municipalidad, ella estaba llorando y en su mano tenía un pañuelo, no le tome importancia y seguí caminando, luego escuche una voz solloza de mujer llamándome y volteo a ver y era ella quien me llamaba y de inmediato la reconocí, era ella, aquella muchacha que un día había jurado que nunca se olvidaría de mí.

-¿Hola Jenni como has estado? ¿Qué haces aquí? Le pregunte, a lo que ella me respondió: Sentí ganas de verte y vine a buscarte.

¿Y qué te has hecho? ¿Qué te paso? Le pregunte y ella me respondió: Perdoname, perdoname, vivía pensando mucho en vos y no podía sacarte de mi mente y un día ya no pude mas y seguí el consejo que una disque amiga me dio ‘‘un clavo saca otro clavo’’ y ese mal consejo me arruino la vida. Me entregue a un vago, marihuanero sin oficio ni beneficio que al verme embarazada decidió irse del pueblo sin decir nada. Y desde ese día mi sufrimiento empeoro porque me sentía como una basura que no le importaba a nadie, fue así que agarre valor y vine a buscarte porque no puedo olvidarte, con vos pase los momentos más felices de mi vida, fuiste y serás mi primer y único amor -me dijo-. Nos fuimos a tomar un espresso a una cafetería que estaba muy cerca y seguimos conversando por un buen rato y reviviendo cosas de nuestro pasado, ella sonreía y salían lágrimas de sus ojitos, esas lágrimas ya no eran de tristeza sino de alegría. El tiempo se fue muy rápido y ya comenzaba a caer la tarde y le dije:

-Jenni ya van a ser las cinco de la tarde y no me gustaría que te fueras muy tarde porque es muy peligroso y ella me respondió:
-No te preocupes porque hoy me voy a quedar en un hotel que esta a una cuadra arriba de aquí, allí tengo mis maletas.
Ok me tengo que ir -me dijo- ya no te sigo quitando tu tiempo porque me imagino que alguien ha de estar muy ansiosa esperándote.
¿A qué te réferis? le pregunte y ella me respondió:
-No se… alguna chava o alguien muy especial en tu vida -me dijo- y le respondí:
-Por los momentos no ha llegado nadie a mi vida desde el día que te fuiste.
Y ella me pregunto: ¿De verdad? ¿No hay nadie en tu vida en estos momentos?
-Nadie -le conteste-
-Hoy si ya me voy -me dijo- me siento cansada y quiero ir a dormir.
-¿Me podes hacer un favor? Me pregunto ella
-Lo que quieras -le dije-
-¿Crees que me podas acompañar al hotel donde me estoy quedando?
-Ok no hay problema -le dije-.

Y nos encaminamos juntos al hotel donde ella estaba alojada. Al llegar a la entrada del hotel le dije: Ok Jenni fue un placer volver a verte y le di un besito en la mejía. Y ella tomándome de las manos y apretándolas mientras yo trataba de dar la media vuelta, me jalo hacia ella y pude ver sus ojos humedecidos por las lágrimas y me dijo, te quiero pedir un último favor. Ok ¿que necesitas? -Le pregunte-
-¿Podes acompañarme a mi habitación? me pregunto.
-Está bien -le respondi-. Y subimos al segundo piso donde estaba su habitación.
-Pasa por favor -me dijo-.

Y entramos los dos a la habitación.
Estando adentro me abrazo y me empezó a besar. Esperate -le dije- y ella no hizo caso a mis palabras. A mi mente vinieron viejos y gratos recuerdos que pase con ella. Calmate -le dije- pero ella había comenzado a desabotonar mi camisa. Luego solto mi faja y prosiguió a desabrocharme el pantalón. Ella me quito la camisa y me tiro a la cama y fue allí donde mis principios éticos me permitieron ver la realidad, ver a aquella mujer embarazada a punto de dejarse llevar por el desenfreno y el placer. Me quise levantar de la cama para irme pero mi intento fue en vano porque se tiro sobre mí. Estando sobre mí, ella comenzó a quitarse la blusa y prosiguió con su brasier. Me sentía incomodo ver a aquella muchacha preñada sobre mí, el tamaño de su busto era más grande que los que yo recuerdo haber acariciado hace más de dos años atrás. Por curiosidad comencé a tocárselos y a apretárselos, hasta que salió un chorrito de leche y por poco me cae en la cara, mientras ella se movía sobre mí.

En ese momento yo ya estaba cañón y ya no podía hacer nada contra la tentación. Ambos estábamos en jeans todavía, pero ella sentada sobre mí podía sentir el estado en que ella me había puesto, así que ella comenzó a bajarme el zipper del pantalón y a quitármelo lentamente, me quito los zapatos y luego los calcetines, hasta que me dejo en bóxer. Luego ella comenzó a quitarse su jean, se desabrocho y quito sus sandalias y continuo quitándose su pantalón hasta quedar en bikini. Ella me decía que no le tomara importancia a su embarazo ya que eso no era ningún impedimento para entregarnos a nuestra pasión. Se quito su bikini y me lo tiro en la cara, como lo hacía en los viejos tiempos. Se subió a la cama y ella me quito el bóxer, se acostó sobre mí y volví a la realidad nuevamente, pero esta vez ya no había marcha atrás, así que le hice una propuesta para hacer más placentero el encuentro. Le dije que para no molestarle su panza y la creatura que ella llevaba dentro se acostara boca arriba a la orilla de la cama, a lo que ella accedió, luego yo procedí a hacer la penetración, ella acostada y yo de pie, ambos frente a frente, evitando poner mi peso sobre su barriga, ya el problema había sido superado. Pero ahora había otro problema más peor que el anterior. Resulta que cuando comencé a serruchar, al cuarto o quinto puyón note que la penetración no era total, algo dentro de su vagina me impedía penetrar a fondo, yo sentía que la cabeza de mi pene pegaba en algo dentro de ella, por lo cual la mitad del pene quedaba afuera. Aquello era incomodo para mi, así que le pegue un puyón fuertecito y sentí que aquel obstáculo cedía dentro de ella. Entonces comencé a serruchar fuerte y más fuerte hasta sentir como aquello se iba hundiendo dentro de su vagina. Ahora la penetración era total, las doce pulgadas de carne entraban sin ningún problema. Continúe con el mete y saca por cuarenta y cinco minutos más hasta que llego la eyaculación, termine adentro de ella porque ya sabía que no había ningún riesgo. Eran ya las siete de la noche.

Me fui a bañar, al salir me cambie y le dije que ya me iba. Ella se puso a llorar y me dijo que por favor no me fuera. Que me quedara a dormir con ella. Dejame ver le dije, mira que mi mama se va a preocupar por mí, porque no acostumbro a quedarme fuera de la casa. Por favor me dijo, quedate solo esta noche, me conmoví y le dije, que solo iba a ir a comprar algo para comer y en el camino lo iba a pensar. Baje y Salí del hotel y como a una cuadra había un puesto de baleadas, pedí dos sencillas para mí y dos con pollo para ella y dos frescos. Regrese a la habitación y serví las baleadas para ella y para mi, luego ella me pregunto si me iba a quedar o si me iba a ir a lo que le respondí que me iba a quedar. Ella se levanto de la cama, se acerco, me abrazo y comenzó a besarme. Me solté de ella y le dije que comiéramos porque la comida estaba calientita, está bien papi me respondió. 

Cuando terminamos de comer nos acostamos en la cama y nos pusimos a platicar. Empezó a acariciarme y a besarme, me quito la ropa y luego ella se quito su bikini y su brasier, se acostó boca arriba en la cama y volvimos a tener relaciones, aquel obstáculo que hubo en el primer encuentro ya no estaba allí, así que la penetración fue total, eyacule dentro de ella como lo había hecho anteriormente.

Llegaron las cinco de la mañana y ya habíamos tenido seis encuentros íntimos en total. Me bañe, me cambie y le dije que ya me iba, ella me pregunto si nos volveríamos a ver a lo que le respondí que talvez. Ella me dio las gracias y me dijo que nunca la había pasado tan bien desde la última noche que paso conmigo hace más de dos años. Me pregunto si tenía celular y le dije que no, ya que eran muy caros en aquel tiempo, pues empezaban a salir en nuestro país. Podes darme el número de teléfono de tu casa entonces me dijo, esta bien le dije y se lo di. Ya cuando me disponía a abandonar la habitación me dijo: fijate que siento un dolor muy fuerte en mi vientre, no lo aguanto. ¿Queres que te vaya a conseguir una pastilla? le pregunte. No, es muy temprano todavía, me dijo, no creo que haiga una farmacia abierta por aquí cerca a esta hora. No te preocupes, ya se me va a pasar, me dijo. Nos dimos un beso y me dijo: aquí voy a estar hasta las cuatro de la tarde, me gustaría que regresaras para despedirnos, esta bien le dije, solo voy a ir a la casa a reportarme y voy a venir como a la una de la tarde.

Baje y tome un taxi con dirección a mi casa. Al llegar mi mama me pregunto donde había estado, porque no llegue a dormir, yo le respondí que me había quedado con unos amigos en la casa de uno de ellos que estaba cumpliendo años, llamame la próxima vez para no estar preocupada me dijo. Esta bien le dije y me fui a dormir a mi cuarto, tan cansado andaba que solo puse la cabeza en la almohada, cerré los ojos y cuando los volví a abrir ya eran las doce del mediodía, mi mama estaba tocando la puerta para que fuera a almorzar.

Tan pronto termine de comer me fui a bañar y a cambiarme para ir a despedirme de Jenni. Salí de mi casa y tome un taxi con destino al hotel donde había pasado la noche. Al entrar al hotel me dirigí a la recepción y le dije a la recepcionista que iba para la habitación 216, permítame un momento me dijo la muchacha, reviso una especie de bitácora y me dijo: mire que la muchacha que estaba hospedada en esa habitación salió bien mal y se la tuvieron que llevar para el hospital, pero las cosas de ella todavía están en la habitación. ¿Usted que es de ella? me pregunto, solo somos amigos le conteste. Si gusta aquí esta la llave para que tome sus cosas y se las lleve porque creo que ella no va a regresar, porque no podía ni caminar, nosotros la bajamos y la mandamos en un taxi para el hospital. ¿A qué horas fue eso? le pregunte, como a las ocho de la mañana me respondió ella. Esta bien iré a sacar sus cosas para entregárselas a ella, le dije. Subí y allí estaba abierta la maleta que ella andaba, la cerré y la tome. Revise la habitación en busca de mas pertenencias de ella, pero no había nada más. Antes de salir me pare en la puerta y mire la habitación de punta a punta verificando a ver si no olvidaba nada y me di cuenta que estaba un poco desordenada, cerré la puerta y baje y le entregue la llave a la recepcionista. Si quiere puede ir a buscarla al hospital Mario Catarino Rivas porque para allá se la llevo el taxi, me dijo la recepcionista. Ok esta bien, le respondi. Salí del hotel y tome un taxi hacia dicho hospital. Al llegar me dirigí hacia la recepción del hospital y le pregunte a la enfermera que estaba atendiendo si habían traído a una muchacha de nombre Jenni García, permítame un momento me dijo y reviso en un cuaderno. ‘‘Jenni García’’ me dijo ella, si le respondi. Que es usted de ella me pregunto, somos amigos, le conteste. Ella fue ingresada a la unidad de labor y parto pero ya fue transferida a la sala de recuperación, pero el niño que tuvo esta en la unidad de cuidados intensivos, me dijo.

Y que tiene el niño le pregunte, pues yo no sé, me dijo. Si quiere puedo llamar al doctor que atendió a esa muchacha para que él le diga porque motivo tuvieron que ingresar al niño a esa unidad, me dijo. Esta bien le dije. Ella tomo el teléfono y llamo al doctor y le pidió que viniera. Tome asiento mientras viene el doctor me dijo la recepcionista. Gracias le dije.

Al sentarme volvió a mí nuevamente la duda y la preocupación. ¿Que tendrá ese niño? me preguntaba yo mismo.

Al cabo de unos minutos llego un doctor de mediana edad donde la recepcionista, él le pregunto algo y ella me señalo con el dedo, el se dirigió hacia mí y me pregunto: ¿Usted es el padre de la criatura? No, le respondí. Pero soy buen amigo de ella y me gustaría saber cómo esta ella y su niño. le dije. Déjeme decirle que ella esta recuperándose satisfactoriamente de su parto, sin embargo mi preocupación es el niño. Él nació con una deformidad en la parte frontal de su cráneo, su cráneo inexplicablemente fue hundido por no sabemos qué.

Al escuchar aquellas palabras un frio intenso recorrió todo mi cuerpo. A mi mente vino el recuerdo de aquella cosa que obstruía el paso de mi pene durante aquel encuentro sexual hacia unas horas atrás. Aquel momento se repetía en mi mente una y otra vez, yo solo miraba los labios de aquel doctor moviéndose, pero no escuchaba lo que me decían.

Luego de unos segundos me conecte de nuevo con la realidad y alcance a comprender que él me decía que ya le habían hecho una tomografía para conocer la magnitud del problema. Y que el neurólogo le dijo que no tenía ningún daño interno. Me dijo además que el problema era irreversible pero que no había de que preocuparse ya que solo iba a tener consecuencias estéticas sobre el niño. Le pregunte si Jenni sabía lo que pasaba con el niño y él respondió afirmativamente.

Me pregunto si quería ir a ver a la muchacha o al niño a lo que le respondí, que a ella la dejara descansar, que esperaría unas horas para ir a verla. Pero si me gustaría ver al niño. Acompáñeme, dijo, me llevo a la unidad de cuidados intensivos y entre con él y llegamos a una incubadora y me mostro al niño, al verlo pude ver el hueco en su pequeña cabecita, me sentí muy mal, pero en mi interior yo quería creer que yo no era el responsable de aquella brutalidad. Le pregunte al doctor ¿Cuál cree usted que haiga sido la causa de este problema? A lo que él me respondió que en sus 25 años de carrera nunca había visto semejante anormalidad. Pero que no descartaba la deficiencia de acido fólico durante la formación del feto. Me dijo que tendría que pedirle a la madre los ultrasonidos para revisarlos y detectar en qué momento se comienza a dar la malformación. Y lo más curioso es ese lunar blanco que veo en el centro del hueco, me dijo el doctor. Me acerque y pude ver aquella manchita blanquecina en el centro del hueco.

No soportaba ver aquel cuadro tan dantesco así que le pedí al doctor que saliéramos de aquel lugar. Nos dirigimos nuevamente a la sala de espera y me dijo que cuando quisiera ir a ver a Jenni solo le dijera a la recepcionista que me había atendido, me dijo que si necesitaba algo más solo preguntara por el doctor Bendaña. Me estrecho su mano, dio la media vuelta y se perdió en medio de la gente.

Mi instinto me decía que tenía que salir de aquel lugar lo más pronto posible, que aquella mujer por mucho que me amaba no me perdonaría aquella abominación. Así que me dirigí donde la recepcionista con aquella maleta que yo había traído desde el hotel para entregársela a Jenni, ¿puedo dejar esta maleta aquí mientras voy a buscar algo para comer? le pregunte. Esta bien me dijo ella.

Así como pude salí de aquel lugar y me dirigí a la parada de bus que estaba frente al hospital. Aborde un bus de la ruta uno rumbo a mi casa y no volví a saber nada de aquella muchacha por más de ocho años.

Parte II El Reencuentro

Un viernes por la tarde salgo de mi casa y me dirijo donde un amigo con quien habíamos quedado en ir a echarnos unas birrias, pues yo ya era un adulto y ya trabajaba. Al doblar la esquina del pasaje donde vivo, veo en la acera de unos apartamentos a una joven madre jugando con su pequeño hijo. No le tome importancia y seguí caminando. De repente escuché una dulce voz diciendo mi nombre. Volteo a ver para atrás y no me tomo mucho tiempo en reconocer a aquella mujer, quede estupefacto y paralizado.

¿Es que no te acordas de mi? me pregunto. Claro que si me acuerdo de vos, le respondí. ¿Qué haces aquí? le pregunte, aquí vivo desde hace tres días, me respondió. Tenemos mucho de que platicar mi Rabanito, me dijo, al escuchar aquellas palabras mis temores se fueron apaciguando.

Señalando al niño que jugaba con ella me dijo, mira, el es Oscarito. Hola Oscarito le dije, hola Rabanito, me dijo aquel niño, levantando su cabecita y haciéndose para atrás la gorra que andaba, para poder verme mejor a los ojos.

Mami quiero un churro y un juguito le dijo el niño a su mamá. Anda a la pulpería con Oscarito y comprale un churrito y un juguito, por favor, me dijo ella, esta bien, le dije.

Me fui con el niño a la pulpería que estaba a menos de una cuadra de donde él vivía con su mamá. ¿Cuántos añitos tenes? le pregunte, ocho, me respondió. ¿En qué grado estas? le pregunte. En segundo grado, me respondió. ¿Y qué tal te va en la escuela? le pregunte. Mal, respondió. ¿Por qué te va mal? Le pregunte. Mis compañeros mucho me molestan, me contesto. ¿Qué te dicen? le pregunte. No se haga, que usted bien sabe lo que yo tengo, me dijo, yo se que usted es el culpable de lo que yo tengo en mi cabeza, me reprocho aquel niño. Pero sabe que, a pesar de que usted me hizo esto, yo no le guardo ningún rencor, sabe porque? Porque por suerte yo no venía de culo, porque si yo hubiera venido de culo, a los dos nos hubiera cogido. Se hubiera cogido a mi mamá y me hubiera cogido a mí también. Allí si le hubiera guardado un gran odio y mucho rencor. Pero no le ponga mente a eso, me dijo.

Ya en la pulpería le dije que escogiera el churrito que quería, mientras él miraba los churros, para escoger el de su preferencia, un par de niños, aproximadamente de su misma edad se acercaron muy sigilosamente a él, uno de ellos le quito su gorrita y rápidamente se la paso al otro que salió corriendo hacia la calle, fue allí cuando mire el hueco en su cabeza con aquel puchito de pelo blanco en el centro, me sentí muy mal por él, y lo menos que podía hacer por él era ayudarlo a confrontar a aquellos dos niños que le habían hecho aquella broma de muy mal gusto. Hey vos hijueputa, dale la gorra al niño, le dije al que había salido corriendo con ella, veni quítamela pues, me dijo en forma desafiante, me acerque donde él, le pegue un coscorrón, y le quite la gorra y le dije que si volvía a molestar a Oscarito lo iba a volver a coscorronear. Le puse la gorra a Oscarito, y me dio las gracias. De nada, le dije. Cualquier hijueputa que te moleste solo me decís, para coscorronearlo, le dije. Esta bien Rabanito, me dijo.

Entonces ¿qué vas a querer? le pregunte. Un futbolito y un juguito de a lempira, respondió.

Salimos de la pulpería y nos fuimos al apartamento de su mamá donde platicamos toda la tarde. Mande a Oscarito a comprar las birrias y ahora todos los niños le temían y lo respetaban.

Fin

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