Parte I La Partida
En mi adolescencia tuve una aventura bajo bajo con una muchacha
que era trabajadora domestica en la casa de un vecino. Ella era del occidente,
precisamente de Copan. Una muchacha de orígenes muy humildes.
Estuvimos viéndonos por alrededor de ocho meses y manteníamos
una relación muy buena evitando meter la pata ya que yo era muy joven y no
quería responsabilidades. Un día ella me cito, me dijo que era muy importante.
Llegue al lugar y a la hora acordada, comenzó diciéndome que eran malas
noticias. Me dijo que me quería y que si yo la quería a ella que me la robara
ya que su patrón le había dicho que solo esa semana trabajaría y tenía que
volver a su lugar de origen. La idea no me pareció y le dije que no podía hacer
eso porque los dos éramos menores de edad. Ella se puso a llorar y me dijo que
nunca se iba a olvidar de mí. Llego el fin de semana y la vi salir con sus
maletas, se despidió de mí y no volví a saber nada de ella durante más de dos
años.
Un día iba yo caminando por el parque central y miro una
mujer embarazada muy bonita sentada en una banca cerca de la municipalidad, ella
estaba llorando y en su mano tenía un pañuelo, no le tome importancia y seguí
caminando, luego escuche una voz solloza de mujer llamándome y volteo a ver y
era ella quien me llamaba y de inmediato la reconocí, era ella, aquella
muchacha que un día había jurado que nunca se olvidaría de mí.
-¿Hola Jenni como has estado? ¿Qué haces aquí? Le pregunte, a
lo que ella me respondió: Sentí ganas de verte y vine a buscarte.
¿Y qué te has hecho? ¿Qué te paso? Le pregunte y ella me
respondió: Perdoname, perdoname, vivía pensando mucho en vos y no podía sacarte
de mi mente y un día ya no pude mas y seguí el consejo que una disque amiga me
dio ‘‘un clavo saca otro clavo’’ y ese mal consejo me arruino la vida. Me
entregue a un vago, marihuanero sin oficio ni beneficio que al verme embarazada
decidió irse del pueblo sin decir nada. Y desde ese día mi sufrimiento empeoro
porque me sentía como una basura que no le importaba a nadie, fue así que
agarre valor y vine a buscarte porque no puedo olvidarte, con vos pase los
momentos más felices de mi vida, fuiste y serás mi primer y único amor -me dijo-.
Nos fuimos a tomar un espresso a una cafetería que estaba muy cerca y seguimos
conversando por un buen rato y reviviendo cosas de nuestro pasado, ella sonreía
y salían lágrimas de sus ojitos, esas lágrimas ya no eran de tristeza sino de
alegría. El tiempo se fue muy rápido y ya comenzaba a caer la tarde y le dije:
-Jenni ya van a ser las cinco de la tarde y no me gustaría
que te fueras muy tarde porque es muy peligroso y ella me respondió:
-No te preocupes porque hoy me voy a quedar en un hotel que
esta a una cuadra arriba de aquí, allí tengo mis maletas.
Ok me tengo que ir -me dijo- ya no te sigo quitando tu tiempo
porque me imagino que alguien ha de estar muy ansiosa esperándote.
¿A qué te réferis? le pregunte y ella me respondió:
-No se… alguna chava o alguien muy especial en tu vida -me
dijo- y le respondí:
-Por los momentos no ha llegado nadie a mi vida desde el día
que te fuiste.
Y ella me pregunto: ¿De verdad? ¿No hay nadie en tu vida en
estos momentos?
-Nadie -le conteste-
-Hoy si ya me voy -me dijo- me siento cansada y quiero ir a
dormir.
-¿Me podes hacer un favor? Me pregunto ella
-Lo que quieras -le dije-
-¿Crees que me podas acompañar al hotel donde me estoy
quedando?
-Ok no hay problema -le dije-.
Y nos encaminamos juntos al hotel donde ella estaba alojada.
Al llegar a la entrada del hotel le dije: Ok Jenni fue un placer volver a verte
y le di un besito en la mejía. Y ella tomándome de las manos y apretándolas
mientras yo trataba de dar la media vuelta, me jalo hacia ella y pude ver sus
ojos humedecidos por las lágrimas y me dijo, te quiero pedir un último favor.
Ok ¿que necesitas? -Le pregunte-
-¿Podes acompañarme a mi habitación? me pregunto.
-Está bien -le respondi-. Y subimos al segundo piso donde
estaba su habitación.
-Pasa por favor -me dijo-.
Y entramos los dos a la habitación.
Estando adentro me abrazo y me empezó a besar.
Esperate -le dije- y ella no hizo caso a mis palabras. A mi mente vinieron
viejos y gratos recuerdos que pase con ella. Calmate -le dije- pero ella había
comenzado a desabotonar mi camisa. Luego solto mi faja y prosiguió a
desabrocharme el pantalón. Ella me quito la camisa y me tiro a la cama y fue
allí donde mis principios éticos me permitieron ver la realidad, ver a aquella
mujer embarazada a punto de dejarse llevar por el desenfreno y el placer. Me
quise levantar de la cama para irme pero mi intento fue en vano porque se tiro
sobre mí. Estando sobre mí, ella comenzó a quitarse la blusa y prosiguió con su
brasier. Me sentía incomodo ver a aquella muchacha preñada sobre mí, el tamaño
de su busto era más grande que los que yo recuerdo haber acariciado hace más de
dos años atrás. Por curiosidad comencé a tocárselos y a apretárselos, hasta que
salió un chorrito de leche y por poco me cae en la cara, mientras ella se movía
sobre mí.
En ese momento yo ya estaba cañón y ya no podía
hacer nada contra la tentación. Ambos estábamos en jeans todavía, pero ella sentada
sobre mí podía sentir el estado en que ella me había puesto, así que ella comenzó
a bajarme el zipper del pantalón y a quitármelo lentamente, me quito los
zapatos y luego los calcetines, hasta que me dejo en bóxer. Luego ella comenzó
a quitarse su jean, se desabrocho y quito sus sandalias y continuo quitándose
su pantalón hasta quedar en bikini. Ella me decía que no le tomara importancia
a su embarazo ya que eso no era ningún impedimento para entregarnos a nuestra pasión.
Se quito su bikini y me lo tiro en la cara, como lo hacía en los viejos
tiempos. Se subió a la cama y ella me quito el bóxer, se acostó sobre mí y
volví a la realidad nuevamente, pero esta vez ya no había marcha atrás, así que
le hice una propuesta para hacer más placentero el encuentro. Le dije que para
no molestarle su panza y la creatura que ella llevaba dentro se acostara boca
arriba a la orilla de la cama, a lo que ella accedió, luego yo procedí a hacer
la penetración, ella acostada y yo de pie, ambos frente a frente, evitando
poner mi peso sobre su barriga, ya el problema había sido superado. Pero ahora
había otro problema más peor que el anterior. Resulta que cuando comencé a
serruchar, al cuarto o quinto puyón note que la penetración no era total, algo
dentro de su vagina me impedía penetrar a fondo, yo sentía que la cabeza de mi
pene pegaba en algo dentro de ella, por lo cual la mitad del pene quedaba
afuera. Aquello era incomodo para mi, así que le pegue un puyón fuertecito y
sentí que aquel obstáculo cedía dentro de ella. Entonces comencé a serruchar
fuerte y más fuerte hasta sentir como aquello se iba hundiendo dentro de su
vagina. Ahora la penetración era total, las doce pulgadas de carne entraban sin
ningún problema. Continúe con el mete y saca por cuarenta y cinco minutos más
hasta que llego la eyaculación, termine adentro de ella porque ya sabía que no
había ningún riesgo. Eran ya las siete de la noche.
Me fui a bañar, al salir me cambie y le dije que ya
me iba. Ella se puso a llorar y me dijo que por favor no me fuera. Que me
quedara a dormir con ella. Dejame ver le dije, mira que mi mama se va a
preocupar por mí, porque no acostumbro a quedarme fuera de la casa. Por favor
me dijo, quedate solo esta noche, me conmoví y le dije, que solo iba a ir a
comprar algo para comer y en el camino lo iba a pensar. Baje y Salí del hotel y
como a una cuadra había un puesto de baleadas, pedí dos sencillas para mí y dos
con pollo para ella y dos frescos. Regrese a la habitación y serví las baleadas
para ella y para mi, luego ella me pregunto si me iba a quedar o si me iba a ir
a lo que le respondí que me iba a quedar. Ella se levanto de la cama, se
acerco, me abrazo y comenzó a besarme. Me solté de ella y le dije que
comiéramos porque la comida estaba calientita, está bien papi me respondió.
Cuando terminamos de comer nos acostamos en la cama y nos pusimos a platicar.
Empezó a acariciarme y a besarme, me quito la ropa y luego ella se quito su
bikini y su brasier, se acostó boca arriba en la cama y volvimos a tener
relaciones, aquel obstáculo que hubo en el primer encuentro ya no estaba allí,
así que la penetración fue total, eyacule dentro de ella como lo había hecho
anteriormente.
Llegaron las cinco de la mañana y ya habíamos tenido
seis encuentros íntimos en total. Me bañe, me cambie y le dije que ya me iba,
ella me pregunto si nos volveríamos a ver a lo que le respondí que talvez. Ella
me dio las gracias y me dijo que nunca la había pasado tan bien desde la última
noche que paso conmigo hace más de dos años. Me pregunto si tenía celular y le
dije que no, ya que eran muy caros en aquel tiempo, pues empezaban a salir en
nuestro país. Podes darme el número de teléfono de tu casa entonces me dijo,
esta bien le dije y se lo di. Ya cuando me disponía a abandonar la habitación
me dijo: fijate que siento un dolor muy fuerte en mi vientre, no lo aguanto.
¿Queres que te vaya a conseguir una pastilla? le pregunte. No, es muy temprano
todavía, me dijo, no creo que haiga una farmacia abierta por aquí cerca a esta
hora. No te preocupes, ya se me va a pasar, me dijo. Nos dimos un beso y me
dijo: aquí voy a estar hasta las cuatro de la tarde, me gustaría que regresaras
para despedirnos, esta bien le dije, solo voy a ir a la casa a reportarme y voy
a venir como a la una de la tarde.
Baje y tome un taxi con dirección a mi casa. Al
llegar mi mama me pregunto donde había estado, porque no llegue a dormir, yo le
respondí que me había quedado con unos amigos en la casa de uno de ellos que
estaba cumpliendo años, llamame la próxima vez para no estar preocupada me
dijo. Esta bien le dije y me fui a dormir a mi cuarto, tan cansado andaba que
solo puse la cabeza en la almohada, cerré los ojos y cuando los volví a abrir
ya eran las doce del mediodía, mi mama estaba tocando la puerta para que fuera
a almorzar.
Tan pronto termine de comer me fui a bañar y a cambiarme
para ir a despedirme de Jenni. Salí de mi casa y tome un taxi con destino al
hotel donde había pasado la noche. Al entrar al hotel me dirigí a la recepción
y le dije a la recepcionista que iba para la habitación 216, permítame un
momento me dijo la muchacha, reviso una especie de bitácora y me dijo: mire que
la muchacha que estaba hospedada en esa habitación salió bien mal y se la
tuvieron que llevar para el hospital, pero las cosas de ella todavía están en
la habitación. ¿Usted que es de ella? me pregunto, solo somos amigos le
conteste. Si gusta aquí esta la llave para que tome sus cosas y se las lleve
porque creo que ella no va a regresar, porque no podía ni caminar, nosotros la
bajamos y la mandamos en un taxi para el hospital. ¿A qué horas fue eso? le
pregunte, como a las ocho de la mañana me respondió ella. Esta bien iré a sacar
sus cosas para entregárselas a ella, le dije. Subí y allí estaba abierta la
maleta que ella andaba, la cerré y la tome. Revise la habitación en busca de
mas pertenencias de ella, pero no había nada más. Antes de salir me pare en la
puerta y mire la habitación de punta a punta verificando a ver si no olvidaba
nada y me di cuenta que estaba un poco desordenada, cerré la puerta y baje y le
entregue la llave a la recepcionista. Si quiere puede ir a buscarla al hospital
Mario Catarino Rivas porque para allá se la llevo el taxi, me dijo la recepcionista.
Ok esta bien, le respondi. Salí del hotel y tome un taxi hacia dicho hospital.
Al llegar me dirigí hacia la recepción del hospital y le pregunte a la
enfermera que estaba atendiendo si habían traído a una muchacha de nombre Jenni
García, permítame un momento me dijo y reviso en un cuaderno. ‘‘Jenni García’’
me dijo ella, si le respondi. Que es usted de ella me pregunto, somos amigos,
le conteste. Ella fue ingresada a la unidad de labor y parto pero ya fue
transferida a la sala de recuperación, pero el niño que tuvo esta en la unidad
de cuidados intensivos, me dijo.
Y que tiene el niño le pregunte, pues yo no sé, me
dijo. Si quiere puedo llamar al doctor que atendió a esa muchacha para que él
le diga porque motivo tuvieron que ingresar al niño a esa unidad, me dijo. Esta
bien le dije. Ella tomo el teléfono y llamo al doctor y le pidió que viniera.
Tome asiento mientras viene el doctor me dijo la recepcionista. Gracias le
dije.
Al sentarme volvió a mí nuevamente la duda y la
preocupación. ¿Que tendrá ese niño? me preguntaba yo mismo.
Al cabo de unos minutos llego un doctor de mediana
edad donde la recepcionista, él le pregunto algo y ella me señalo con el dedo,
el se dirigió hacia mí y me pregunto: ¿Usted es el padre de la criatura? No, le
respondí. Pero soy buen amigo de ella y me gustaría saber cómo esta ella y su
niño. le dije. Déjeme decirle que ella esta recuperándose satisfactoriamente de
su parto, sin embargo mi preocupación es el niño. Él nació con una deformidad
en la parte frontal de su cráneo, su cráneo inexplicablemente fue hundido por
no sabemos qué.
Al escuchar aquellas palabras un frio intenso
recorrió todo mi cuerpo. A mi mente vino el recuerdo de aquella cosa que
obstruía el paso de mi pene durante aquel encuentro sexual hacia unas horas
atrás. Aquel momento se repetía en mi mente una y otra vez, yo solo miraba los
labios de aquel doctor moviéndose, pero no escuchaba lo que me decían.
Luego de unos segundos me conecte de nuevo con la
realidad y alcance a comprender que él me decía que ya le habían hecho una
tomografía para conocer la magnitud del problema. Y que el neurólogo le dijo
que no tenía ningún daño interno. Me dijo además que el problema era
irreversible pero que no había de que preocuparse ya que solo iba a tener
consecuencias estéticas sobre el niño. Le pregunte si Jenni sabía lo que pasaba
con el niño y él respondió afirmativamente.
Me pregunto si quería ir a ver a la muchacha o al
niño a lo que le respondí, que a ella la dejara descansar, que esperaría unas
horas para ir a verla. Pero si me gustaría ver al niño. Acompáñeme, dijo, me
llevo a la unidad de cuidados intensivos y entre con él y llegamos a una
incubadora y me mostro al niño, al verlo pude ver el hueco en su pequeña
cabecita, me sentí muy mal, pero en mi interior yo quería creer que yo no era
el responsable de aquella brutalidad. Le pregunte al doctor ¿Cuál cree usted
que haiga sido la causa de este problema? A lo que él me respondió que en sus
25 años de carrera nunca había visto semejante anormalidad. Pero que no
descartaba la deficiencia de acido fólico durante la formación del feto. Me
dijo que tendría que pedirle a la madre los ultrasonidos para revisarlos y
detectar en qué momento se comienza a dar la malformación. Y lo más curioso es ese
lunar blanco que veo en el centro del hueco, me dijo el doctor. Me acerque y
pude ver aquella manchita blanquecina en el centro del hueco.
No soportaba ver aquel cuadro tan dantesco así que
le pedí al doctor que saliéramos de aquel lugar. Nos dirigimos nuevamente a la
sala de espera y me dijo que cuando quisiera ir a ver a Jenni solo le dijera a
la recepcionista que me había atendido, me dijo que si necesitaba algo más solo
preguntara por el doctor Bendaña. Me estrecho su mano, dio la media vuelta y se
perdió en medio de la gente.
Mi instinto me decía que tenía que salir de aquel
lugar lo más pronto posible, que aquella mujer por mucho que me amaba no me
perdonaría aquella abominación. Así que me dirigí donde la recepcionista con
aquella maleta que yo había traído desde el hotel para entregársela a Jenni,
¿puedo dejar esta maleta aquí mientras voy a buscar algo para comer? le pregunte.
Esta bien me dijo ella.
Así como pude salí de aquel lugar y me dirigí a la
parada de bus que estaba frente al hospital. Aborde un bus de la ruta uno rumbo
a mi casa y no volví a saber nada de aquella muchacha por más de ocho años.
Parte II El Reencuentro
Un viernes por la tarde salgo de mi casa y me dirijo
donde un amigo con quien habíamos quedado en ir a echarnos unas birrias, pues
yo ya era un adulto y ya trabajaba. Al doblar la esquina del pasaje donde vivo,
veo en la acera de unos apartamentos a una joven madre jugando con su pequeño
hijo. No le tome importancia y seguí caminando. De repente escuché una dulce
voz diciendo mi nombre. Volteo a ver para atrás y no me tomo mucho tiempo en
reconocer a aquella mujer, quede estupefacto y paralizado.
¿Es que no te acordas de mi? me pregunto. Claro que
si me acuerdo de vos, le respondí. ¿Qué haces aquí? le pregunte, aquí vivo
desde hace tres días, me respondió. Tenemos mucho de que platicar mi Rabanito,
me dijo, al escuchar aquellas palabras mis temores se fueron apaciguando.
Señalando al niño que jugaba con ella me dijo, mira,
el es Oscarito. Hola Oscarito le dije, hola Rabanito, me dijo aquel niño,
levantando su cabecita y haciéndose para atrás la gorra que andaba, para poder
verme mejor a los ojos.
Mami quiero un churro y un juguito le dijo el niño a
su mamá. Anda a la pulpería con Oscarito y comprale un churrito y un juguito,
por favor, me dijo ella, esta bien, le dije.
Me fui con el niño a la pulpería que estaba a menos
de una cuadra de donde él vivía con su mamá. ¿Cuántos añitos tenes? le pregunte,
ocho, me respondió. ¿En qué grado estas? le pregunte. En segundo grado, me
respondió. ¿Y qué tal te va en la escuela? le pregunte. Mal, respondió. ¿Por
qué te va mal? Le pregunte. Mis compañeros mucho me molestan, me contesto. ¿Qué
te dicen? le pregunte. No se haga, que usted bien sabe lo que yo tengo, me
dijo, yo se que usted es el culpable de lo que yo tengo en mi cabeza, me
reprocho aquel niño. Pero sabe que, a pesar de que usted me hizo esto, yo no le
guardo ningún rencor, sabe porque? Porque por suerte yo no venía de
culo, porque si yo hubiera venido de culo, a los dos nos hubiera cogido. Se
hubiera cogido a mi mamá y me hubiera cogido a mí también. Allí si le hubiera
guardado un gran odio y mucho rencor. Pero no le ponga mente a eso, me dijo.
Ya en la pulpería le dije que escogiera el churrito
que quería, mientras él miraba los churros, para escoger el de su preferencia,
un par de niños, aproximadamente de su misma edad se acercaron muy
sigilosamente a él, uno de ellos le quito su gorrita y rápidamente se la paso
al otro que salió corriendo hacia la calle, fue allí cuando mire el hueco en su
cabeza con aquel puchito de pelo blanco en el centro, me sentí muy mal por él,
y lo menos que podía hacer por él era ayudarlo a confrontar a aquellos dos
niños que le habían hecho aquella broma de muy mal gusto. Hey vos hijueputa,
dale la gorra al niño, le dije al que había salido corriendo con ella, veni
quítamela pues, me dijo en forma desafiante, me acerque donde él, le pegue un
coscorrón, y le quite la gorra y le dije que si volvía a molestar a Oscarito lo
iba a volver a coscorronear. Le puse la gorra a Oscarito, y me dio las gracias.
De nada, le dije. Cualquier hijueputa que te moleste solo me decís, para
coscorronearlo, le dije. Esta bien Rabanito, me dijo.
Entonces ¿qué vas a querer? le pregunte. Un
futbolito y un juguito de a lempira, respondió.
Salimos de la pulpería y nos fuimos al apartamento
de su mamá donde platicamos toda la tarde. Mande a Oscarito a comprar las
birrias y ahora todos los niños le temían y lo respetaban.
Fin
pa cagarse!!!!!!
ResponderBorrarJajaja, te la mamaste.
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